La disputa entre Apple y Samsung sobre las patentes de los smartphones tuvo su “visto para sentencia” el pasado martes en el Tribunal Supremo.

Se espera que la Corte tome una decisión a principios de 2017.

Lo que se decida en última instancia va a tener un impacto importante sobre cómo las empresas de tecnología piensan acerca de las patentes. Por un lado, los partidarios de Apple dicen que mantener la ley original protegerá el diseño individual. Por otro, los partidarios de Samsung aseguran que la ley tiene que cambiar para evitar la represión de la innovación tecnológica. La gran clave de esta encrucijada, y lo que puede realmente perjudicar a Silicon Valley, es cómo el Tribunal Supremo debe interpretar una ley escrita en 1887, sólo 11 años después de que Alexander Graham Bell inventara el primer teléfono, y 60 años antes de que los laboratorio Bell construyeran el primer transistor.
Apple dice que Samsung ha infringido tres de sus patentes: una en cuanto a un teléfono con una carcasa en negro y una forma rectangular con bordes redondeados, otra en cuanto al panel frontal del teléfono, y la tercera en cuanto a un espectáculo lleno de color con 16 iconos. Los tribunales han determinado previamente que Samsung infringió las patentes de éstos con sus teléfonos inteligentes. Esa no es la cuestión ante el Tribunal Supremo. Lo que está en cuestión es cuánto debe Samsung a Apple por infringir esas patentes. Apple argumenta que Samsung le debe las ganancias totales de los teléfonos que utilizan estos diseños y Samsung argumenta que sólo debe una pequeña porción de esos beneficios.

No solo las empresas pequeñas van a estar afectadas por la resolución de este juicio. Incluso las grandes empresas como Microsoft y Google podrían encontrarse ralentizadas en nuevos productos si la Corte falla a favor de Apple. “Adjudicar todos los beneficios de una patente única devalúa las contribuciones de los cientos de miles de otras patentes en un teléfono inteligente”, comentó un portavoz de Samsung a Forbes USA. “Tenemos la esperanza de que el Tribunal Supremo dé una lectura sensata y justa a la ley de patentes de diseño. Eso sería un triunfo tanto para las empresas como para los consumidores”.

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